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1º Premio Concurso de Relatos A Farixa 2014











Eugenio Fernández Murias

Empezamos hoy la publicación de los relatos ganadores del Concurso de Relatos A Farixa 2014. El primer premio correspondió a la obra titulada Nómadas en la carretera del autor Eugenio Fernández Murias.
Sinopsis: Humberto, pintor bohemio y Teresa, bailarina ambulante, tras conocerse en un autobús comienzan una relación sentimental; pero Teresa no puede sospechar que su nuevo amante acaba de asesinar a Pablo, compañero al que ella estaba esperando y con quién intenta inútilmente ponerse en contacto.
 

Cuando llegué, la niebla ya se había posado sobre el apeadero. Parecía un lugar solitario y fantasmal; lejano a la civilización. Pero eso no me desagradó. Dejé los bártulos sobre el asiento y encendí un cigarrillo. Aún faltaba cerca de una hora para la llegada del autobús. El frío me asediaba. Sentía como una especie de escarcha quebrándome la piel y oía hasta los estallidos. Aplasté la colilla y brinqué como un mono de feria para espantar la humedad de los huesos. Caminé por el arcén y a ratos me friccionaba las piernas heladas y agitaba los brazos como si fuera a despegar en un vuelo infernal.
La tensión se había amainado y el ánimo se me desentumecía poco a poco. La soledad y la niebla me acompañaban. Sin embargo, aunque la inquietud disminuía, el murmullo del río me envolvía; aún veía las nubes deslizarse sobre sus ojos abiertos y el hilo de sangre resbalando de la cabeza.
El sonido de un motor surgió de pronto, como de la nada; enseguida, dos puntitos blanquecinos chispearon difusos. Poco después, otros dos; casi invisibles. Ambos pasaron de largo; sin embargo, me oculté tras el apeadero.  La agente habla demasiado, conjetura y saca conclusiones precipitadas. Por fortuna, los carnavales habían preservado mi identidad; también la suya.
Pasaban cuarenta minutos de la medianoche cuando el autobús se detuvo; su enorme silueta resoplaba en una burbuja de calor, de refugio seguro. Delante de mí, envueltos en una penumbra fantasmal, surgieron decenas de bultos informes, adormilados, abandonados. Se abrió la puerta con un chirrido tétrico. Nadie se bajó. Me acerqué...


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